¡El perdón querido y dado, como el amor!

¡Debemos aprender! Con la mirada puesta en Jesús, podemos desbloquear situaciones difíciles mostrando una manera de hacer a la que no estamos acostumbrados. Una pedagogía diferente quiere ayudarnos a entrar en razón y a repensar las propias actitudes antes de atrevernos a emitir juicios severos contra los demás. Jesús es consecuente, había dicho: «No juzguéis, y no seréis juzgados. Porque tal como condenéis seréis condenados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo?»

Cuando Jesús interviene perdonando, el espacio y el tiempo parece que se amplían y las personas respiran. Es el Espíritu de Dios que entra en nuestros corazones y nos ayuda a respirar a su ritmo, introduciendo alentadas que nos hacen abandonar antiguas historias, antiguos rencores. Ya lo decía Isaías: «No recordéis las cosas pasadas, no penséis en lo antiguo. Mirad, voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?» Es el amor que todo lo renueva.

Jesús nos quiere con la mirada creadora como la suya, que es una mirada que salva. Sin embargo, también nos quiere capaces de un perdón ilimitado, como el suyo. Su palabra, enérgica y suave al mismo tiempo, invita siempre a una revisión personal, confrontando nuestra vida con la suya y el Evangelio. ¿No es, quizá, lo que experimenta el hijo pródigo cuando se dispone, arrepentido, a regresar otra vez a casa?

El pecado jamás es una cuestión para decir: «Yo no, los otros sí.» Nos sentimos comunidad pecadora y al mismo tiempo comunidad necesitada de la mirada amorosa de Dios Padre, la que Jesús nos ofrece con el encuentro con él y que la Iglesia nos hace llegar con el sacramento del Perdón. ¡No podemos pensar que la medida de todo es cada uno con su individualismo intolerante, necesitamos que se nos perdone, y del todo!

Los cristianos sabemos que el listón del amor es alto y que la llamada de Jesús es una oferta de acompañamiento que nunca falla. Cada ser humano tiene sed de ser amado y de amar. No en vano el Evangelio nos hace estar atentos a no dejarnos encerrar en un aislamiento. Por eso, el perdón querido y dado es la única reacción que lo renueva todo inesperadamente, impulsado siempre el amor llevado hasta el extremo.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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