¿Qué cruz?

La Palabrade Dios nos dice que la cruz de Jesús es escándalo y absurdo para unos y poder y sabiduría para otros. ¿Por qué? Estamos ante un misterio y sólo es posible acceder a él si creemos en Aquél que ha sido crucificado. La cruz es un misterio porque no sólo es un enigma difícil de deshacer, sino porque contiene la profundidad del drama más humano que existe: una muerte, la de Jesús, afectada por un doble movimiento: primero, por la realidad universal e indiscutible de que todos morimos y, segundo, por la posibilidad tristemente real de que el hombre es capaz de matar. Jesús acepta nuestro inevitable destino para transformarlo en signo de vida y carga sobre sí mismo la injusticia para vencerla para siempre.

Jesús vive en su persona el doble efecto de este drama. Y, porque es Dios y hombre, este drama toma un nuevo significado y tiene unas consecuencias definitivamente salvíficas para todos nosotros, para toda la humanidad. Así lo entendemos, lo celebramos, lo vivimos y lo anunciamos. La muerte ya no es la última palabra sobre el ser humano, porque Dios ha intervenido en el hombre Jesús resucitándolo. Así, ha hecho que nos sea posible llegar a participar de la vida de Dios mismo, que es Amor.

La cruz de Jesús, sin embargo, no es sólo obra de sus contemporáneos, sino también de hoy. Es la cruz que no está hecha a la medida de nadie y que está cargada injustamente a las espaldas de muchos hombres y mujeres obligados a llevarla injustamente hasta el último momento. Es la cruz que pesa sobre nuevas víctimas inocentes en su largo y penoso calvario.

Por otra parte, nos consuela ver que hay cirineos que voluntariamente se prestan para mitigar los sufrimientos de los demás, están a su lado y entregan también la vida suprimiendo o aligerando el peso de la cruz. Son quienes en medio de tanta crisis son un testigo vivo de Cristo, Señor de la Vida, un pulmón que respira el aire puro del Espíritu para la vida de la Iglesia y del mundo. Su amor está sembrando la nueva semilla del Reino en el campo de la humanidad: perdón encarnado y grito a la compasión, a la solidaridad, a la reconciliación, al perdón y a la paz. Signos de fortaleza y esperanza sin límite.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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