¡El pueblo agotó la paciencia!

Me sorprendió mucho. Doce días antes de Pascua. Como si Dios mismo interpretara el sufrimiento de nuestra gente, como si la crisis fuera uno de los fuertes argumentos a través de los que la Palabra de Dios ofrece un soplo de esperanza a un pueblo que está agotando la paciencia. Una situación —decía el texto bíblico— que hacía que este pueblo hablara contra Dios y sus dirigentes, y que dejaba al descubierto el sufrimiento de quien no tiene ni pan ni agua, ni lo más elemental para vivir con dignidad.

A este escenario se añade la desconfianza, la intranquilidad, la inseguridad, el miedo, pero también el reconocimiento sincero y humilde de no haber actuado siempre correctamente. Es el momento en el que hay una propuesta de ver más allá, de captar desde la fe, una posibilidad de salida asumiendo nuevas actitudes que valoran la austeridad, el amor solidario, el trabajo creativo, el esfuerzo comunitario, el servicio al bien común, un poco más de confianza en Dios y el gozo de encontrar en él una mirada que salva.

Ya en pleno tiempo pascual, los cristianos nos preguntamos ¿qué hacer para superar condiciones insuportables de vida hasta el punto de impedir que la impaciencia y el desencanto acaben por envenenar la convivencia? Podemos hacer de este tiempo de resurrección un tiempo orientado espiritualmente a la recuperación, donde Jesús mismo nos invita a no temer y nos dice que está con nosotros, a poner al alcance de nuestros hermanos y hermanas todas aquellas capacidades que pueden aligerar tanta carga injusta sobre los más débiles, tanto por lo que afecta a individuos como familias enteras.

Vivir el tiempo pascual nos adentra aún más en el compromiso de hacer triunfar la vida por encima de todo signo de muerte y a optar por una dedicación total al servicio de los más afectados por una crisis que perdura. Forma parte de una evangelización siempre nueva intentar que las tristezas y angustias se conviertan muy pronto en alegría y esperanza para quienes dicen ya no poder más y piden con desesperación una inmediata solución.

Signos de resurrección, frutos del amor de personas concretas y del abnegado servicio de comunidades enteras, hace mucho tiempo que existen y persisten. Es la buena semilla que está sembrando esta Iglesia nuestra que cree en Cristo resucitado y hace de la caridad su carta de identidad.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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