¡No hay dinero!

Hace pocos días, preparando la Eucaristía y en el tiempo de la oración, tuve delante un relato del Evangelio que me dejó muy interrogado, como si Dios me dijera: «Ahora, ¡calma y escucha!» Estaba preparando una conferencia sobre qué versión tenemos de la crisis y cómo nos ayuda a ello la Doctrina Social de la Iglesia.

De buena mañana escuché por radio el mensaje que el presidente del Gobierno español lanzaba a los cuatro vientos de la información y decía contundentemente: «¡No hay dinero!» Otra vez, un jarro de agua fría caía sobre nuestra deteriorada realidad y como si la posibilidad de solución cerrara cualquier camino de esperanza.

Multiplicación de panes y peces

Mientras durante la oración no podía quitarme esto de la cabeza, leo con calma el Evangelio, era el de la multiplicación de los panes y los peces, y veo que Jesús levanta los ojos y observa a una hambrienta multitud que acude hacia él y pide a sus colaboradores: «¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?» Dice el evangelista Juan que Jesús hacía esta pregunta para tantearlos, ya que él sabía muy bien cuál era la solución. Felipe responde diciendo que «con doscientos denarios no compraríamos bastante para que a cada uno de ellos le alcanzase un poco», es decir, ellos tampoco tienen dinero o no tienen el suficiente para solucionar el problema.

He pensado, como solemos pensar, que en este momento decimos que se ha terminado la historia y que no tenemos nada, aunque sabemos que en la tierra existen suficientes recursos para poder vivir dignamente. Sin embargo, siempre hay alguien que se atreve a levantar la voz como Andrés y decir: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tanta gente?» Propone algo, sin embargo, ve difícil la solución. El problema le supera. Llegará el momento que conocerán la solución y harán de ello un estilo de vida, aquello original que será el distintivo de los cristianos: ¡aprender a compartir!

Por eso vemos que muchos levantan hoy la voz y se detecta un plus de generosidad en gente muy sencilla. Son personas que, además de pedir a los gobernantes medidas económicas justas, esperan de quienes tienen más que piensen en el bien de todos. Así, como Jesús, realizan cada día el pequeño milagro de la «multiplicación». Deseamos que sea Jesús quienes nos diga: «Recoged lo que ha sobrado, para que no se pierda nada.» Sin embargo, seguimos inquietos porque hoy, ¿dónde sobra todavía?

 

Sebastià Taltavull Anglada

Obispo auxiliar de Barcelona

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