Cultura y espiritualidad

Podemos definirnos por una espiritualidad profundamente cristiana que cuenta con una mística arraigada en la vida porque cree en Jesucristo, Dios encarnado, y con un Evangelio que es propuesta plena de confianza y de riesgo para informar desde el corazón de nuestra cultura. Digo «plena de confianza» porque contamos con la acción del Espíritu Santo que nos acompaña siempre, pero también «llena de riesgo» porque nos lo ha confiado a nosotros como el tesoro más apreciado colocado en frágiles vasos de barro. Sin embargo, nadie podrá quitarnos la convicción de que, a pesar de ser así, estamos en buenas manos.

A pesar de que puede ayudarnos, no es el esplendor estético de las manifestaciones religiosas lo que de forma prioritaria cambiará los corazones de los hombres y mujeres, especialmente de los jóvenes de hoy, y los encaminará hacia Dios, sino la propuesta valiente de la persona de Jesús, «conocida» a través de la Palabra de Dios y del pensamiento cristiano, «celebrada» mediante una liturgia que es verdadero encuentro sacramental con Él expresada con medios y lenguajes de hoy, «vivida» en el compromiso de cada día por la transformación de las personas y la sociedad según Él, y «testimoniada» desde la oración individual y comunitaria por el contacto con Dios que nos define, y desde la encarnación sencilla, fiel, hecha toda ella servicio y amor hasta dar la vida, como Jesús.

Y con todo eso, el valor de la razón humana que explica la fe porque ésta la ha buscado para darse a entender. Como decía Juan Pablo II, «la fe y la razón: son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo.»

La razón es un don de Dios, como la fe, y ambas hacen posible el acceso a Dios y acompañan aquel estilo de vida original, aquella espiritualidad que puede mantenernos siempre abiertos a un mayor conocimiento del Misterio y fieles en la respuesta de adhesión creyente que podemos dar. Por eso, en el ejercicio de la nueva Evangelización y en toda ocasión de diálogo con no creyentes, hemos de esforzarnos para dar razón de nuestra esperanza.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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