Rescatados, ¿de qué?

De la avaricia, de la ambición injusta, de la especulación salvaje, de la apropiación indebida, de la insolidaridad, en definitiva, de la no-contribución al bien común y de toda falta de amor. Benedicto XVI habla de este «otro rescate», quizá el más necesario y urgente al decir que «la Iglesiaen su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para “rescatar” a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquél que nos da la vida, y la vida en plenitud». El egoísmo humano y la inclinación al mal están en la raíz de muchos graves errores en la organización actual de nuestra sociedad.

Con la mirada puesta en el Año de la Fe, nos recuerda la «exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo». Ya antes, se había referido a los «desiertos» que originan la aridez de la pobreza, del hambre y de la sed; del abandono, de la soledad, del amor roto. También el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de conciencia de la dignidad humana y de sentido. El «rescate» es urgente —dice— porque los desiertos exteriores se multiplican en el mundo debido a que se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra están subyugados al poder de la explotación y la destrucción.

Sabemos que la Doctrina Social de la Iglesia—lo dice la Caritas in veritate— ha sostenido siempre que la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica. La obtención de recursos, la financiación, la producción, el consumo y todas las fases del proceso económico tienen ineludiblemente implicaciones morales, y toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. Quizá por eso cuesta tanto salir de una crisis que es más que económica.

Con toda seguridad es el orgullo tan enquistado en nuestra naturaleza el que impide la opción por la gratuidad y la aceptación del «rescate» que necesitamos. Rescatados del mal, de la injusticia y de la muerte: ésta es la buena y nueva noticia del encuentro con el Resucitado, la inyección de Vida que hemos de aceptar y proclamar con el testimonio creyente de nuestro compromiso social.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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