Salud espiritual

La situación que vivimos nos pide una obligada referencia a la esperanza. Mucho más aún si los resortes que mueven los hilos están oxidados por la desconfianza. No obstante, esperanza, ¿en qué? Confianza, ¿en quién? Hay respuesta. La que a los creyentes se nos da como regalo y la que desde lo que somos tenemos que buscar con nuestro esfuerzo. Hace tiempo leí que la esperanza es la irrenunciable confianza de que algo cambiará con toda seguridad hacia bien y mejor, con la certeza de que este cambio no se producirá de forma casual, sino mediante el esfuerzo realizado por cada uno desde su interior. Ciertamente, esto no lo explica todo, pero nos pone en la pista de iniciar un buen camino. Los cristianos, sin embargo, creemos que nuestra esperanza radica en Cristo y que es a partir de Él que toda nuestra vida se ilumina y toma una nueva dimensión.

No podemos negar que nos conmueve la situación mundial y la decepción personal que muchos sienten cuando se ven incapaces de solucionar problemas que aparentemente nos sobrepasan. La esperanza nos ofrece la convicción de que cualquier gesto de servicio, de afecto y de solidaridad puede mostrar el rostro de ternura que tanto personas como instituciones podemos y tenemos que dar en todo lo que hacemos.

Entonces, son los hechos los que muestran cuándo una persona es fiel a la propia conciencia y cuándo es madura para asumir responsabilidades. Son los hechos los que hacen ver que se actúa con coherencia y respeto, con transparencia y con la humildad de no ser el centro de todo. En consecuencia, es necesario que orientemos todo el esfuerzo en descubrir el inmenso tesoro que cada uno esconde en su interior, lo que Dios ha sembrado en nuestros corazones y que forma parte de su misterio de amor. Entrar en él y agradecérselo es síntoma de salud espiritual.

Sabemos que cuando se vive pendiente sólo del exterior porque se ha secado el interior, lo que puede pasar es del todo imprevisible. En el fondo hay una inmadurez que busca llenar de excentricidades el vacío espiritual que se sufre. Una espiritualidad que pone cada valor en su lugar y tiene como referentes a Jesús y al Evangelio es capaz de afrontar cualquier tentación egoísta, aceptando la esperanza como don y haciendo de la confianza una gozosa respuesta.

Sebastià Taltavull Anglada
Bisbe auxiliar de Barcelona

Castellà, , , , Permalink

Deixa un comentari