Un gesto que nos compromete

Celebrar la Eucaristía nos conciencia del amor con el que Dios Padre nos trata y ama. ¿Cómo se ha hecho perceptible? Jesús nos lo envia y quiere perpetuarlo quedándose presente entre nosotros. Es ésta una presencia que nos abre los ojos de la fe —como en los discípulos de Emaús— y nos mueve a darlo a conocer, haciendo que las condiciones de vida cambien por la fuerza del gesto que realiza Jesús, la «fracción del pan».

En un mundo que «acapara» y se obsesiona acaparando, ¿no es enormemente significativo y subversivo que los cristianos reunidos hagamos el gesto de partir el pan eucarístico para repartirlo y comer? Pensando en su sentido más profundo, que es el encuentro con el Resucitado, ¿qué cambia en la comunidad que se reúne y en cada uno de nosotros cada vez que celebramos la Eucaristía? Se trata de hacer con sencillez y autenticidad lo que Jesús nos dijo que hiciéramos. A partir de él vivimos el gozo de compartir la fe en comunidad y hacer de él anuncio público que ayude a «abrir los ojos de la fe».

Me decía un agnóstico después de la misa a la que había asistido con unos amigos por primera vez: «Me ha sorprendido el gesto que has hecho: has partido el pan para repartirlo y compartirlo. Lo he entendido bien, sin embargo, ¿sois conscientes de lo que hacéis, de lo que significa y a qué os comprometéis? Con este gesto mostráis cuál es la solución a tantos problemas de nuestro mundo que provienen de no querer partir ni repartir.» Me pregunto muchas veces, ¿qué ha de cambiar en cada uno, en la Iglesia, en nuestra sociedad, para ser consecuentes con la Eucaristía que celebramos?

Desde el Cenáculo en Emaús, y desde Emaús a cada una de nuestras asambleas eucarísticas, se va realizando día a día, por todo el mundo y en el corazón de la historia humana, un gesto que da perpetuidad a la presencia de Cristo por la fuerza de su muerte y resurrección vividas en íntima unidad, un gesto que no es aislado ni queda recluido entre las cuatro paredes de una Iglesia, sino que trasciende a la propia vida transformándola y proyectándola infinitamente hacia Dios, que es amor, y hacia tantas personas que lo esperan.

Sebastià Taltavull Anglad
Obispo auxiliar de Barcelona

 

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