Amistad civil, caridad social y política

Estamos poco acostumbrados a estas afirmaciones y quizá desconocemos aspectos clave dela Doctrina Social, a través de la quela Iglesiaanuncia y actualiza el Evangelio en la compleja red de las relaciones sociales. El Concilio Vaticano II dejó claro que se trata de fecundar y fermentar la propia sociedad con el Evangelio y de que no hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de un cristiano.

En estos momentos en los que se habla tanto de nueva evangelización, he aquí una acción a la que no podemos renunciar. Hacer caso de Jesús en el encargo que nos hace de id y anunciarlo, significa para la Iglesia implicar también a la sociedad en su solicitud misionera. La Iglesiano es indiferente a todo lo que en la sociedad se elige, se produce y se vive, a la calidad moral auténticamente humana y humanizadora de la vida social, como la política, la economía, el trabajo, el derecho y la cultura. La caridad social nos hace amar el bien común y, en él, tanto a las personas individualmente como en la dimensión social que les une.

Por eso, hacer realidad el proyecto de fraternidad que es la Iglesianos afecta, siempre unidos a Cristo y viviendo una auténtica espiritualidad de comunión. El medio pastoral evangelizador es la amistad en cuanto propone el desprendimiento de los bienes materiales, la donación, la disponibilidad interior a las exigencias del otro. La Iglesia, en la Doctrina Social, habla de amistad civil, porque ve en ella la realización más auténtica del principio de fraternidad, que es inseparable del de libertad e igualdad, principio que en gran parte no se ha realizado en las sociedades políticas modernas y contemporáneas.

El paso decisivo lo da la caridad como inspiradora de la acción individual y al mismo tiempo como fuerza capaz de renovar desde dentro estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. Entonces, la caridad se convierte en social y política y, como dicela Doctrina Social dela Iglesia, no se agota en las relaciones entre las personas, sino que se despliega en la red en la que se insertan estas relaciones, que es justamente la comunidad social y política. Amar al prójimo —dirá— a escala social significa valerse de las mediaciones sociales para mejorar su vida o incluso eliminar los factores sociales que causan su indigencia. Va bien saberlo, porque en esta labor solidaria estamos todos implicados.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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