El reto es «creer»

Estos días he oído comentar en círculos próximos a nuestras parroquias, entre cristianos que celebramos la Eucaristía, una expresión de Jesús: «¿También vosotros os queréis marchar?» Alguien ha dicho que le ha tocado la fibra más fina de su comportamiento cristiano y se ha sentido muy aludido porque ha visto que ésta es una tentación que aparece a menudo y en la que muchas personas próximas y queridas han cedido. Todos nos preguntamos qué hacer para situarnos a su lado y no desfallecer en la decisión de seguir a Jesús, hasta decirle como los apóstoles: «¿A quién iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna, ¡y nosotros hemos creído!»

El reto que se nos presenta, pues, es «creer», creer en Dios y creer en Jesús, que es quien nos lo ha revelado y dado a conocer. «Marchar», para muchos es abandonar la práctica religiosa que, en la mayoría de casos y a la larga, significa «dejar de creer». No es éste el momento de analizar el porqué de este fenómeno, pero sí de manifestar la inquietud para que el acceso a Jesucristo sea fácil, y la Iglesia que es su Sacramento, su signo visible, sea el medio más transparente de todos para llegar a él.

Éste es el otro reto unido al primero, que nos interpela fuertemente y hace que nos preguntemos con mucha humildad, pero también con mucha sinceridad: Iglesia, ¿qué dices?, ¿qué dices de Jesucristo?, ¿qué dices del hombre?, ¿qué dices de la vida eterna? A pesar de la urgencia de una respuesta que nos clarifique, se ha dicho que la crisi que afecta al cristianismo europeo es, sobre todo, una crisis sobre creer en Dios.

Tratemos, pues, la raíz de este abandono: dejar de creer que Jesús es el camino, la verdad y la vida —tal y como él se ha definido— es posible cuando nos sometemos a la tendencia de relativizarlo todo, incluso la propia verdad en la que creemos. Sin duda esto disminuye la adhesión creyente inicial y la fe se enfría. El testimonio cristiano de la caridad vivida en la verdad deberá ser la respuesta al reto de «creer», esfuerzo que deberemos realizar, pidiendo siempre el don de la fe. Seamos más humildes y pidámoslo, para uno mismo y para los demás. ¡La verdad, que es Jesús, nos hará libres!

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

 

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