¡Familia, sí. Parroquia, también!

De los testimonios directos del reciente Sínodo nos llega que si ha habido dos temas en los que se ha incidido mucho han sido la familia y la parroquia. Dos instituciones de siempre que han visto reconocida su validez y vigencia no sólo por lo que son en sí mismas, sino por la importancia que adquieren en el momento de hablar de la nueva Evangelización. Dos instituciones con implicación mutua.

La parroquia, familia de familias y, dentro de ella, la comunidad familiar, pequeña iglesia doméstica, también están llamadas a sentarse junto al pozo para escuchar a Jesús y esperarlo todo de este encuentro con él. Es la necesidad de adquirir una nueva mentalidad que responda al momento que vivimos y confiar en aquel que nos puede dar agua viva. También el vínculo entre familia y parroquia necesita un nuevo planteamiento que haga más visible la mutua interdependencia y complementariedad.

Desde la primera Evangelización, la transmisión de la fe ha encontrado un lugar natural en la familia. Los padres sinodales han dicho que no se puede pensar en una nueva Evangelización sin sentirnos responsables del anuncio del Evangelio a las familias y sin ayudarles en la labor educativa. Por eso dirán que la vida familiar es el primer lugar en el que el Evangelio se encuentra con la vida ordinaria y muestra su capacidad de transformar las condiciones fundamentales de la existencia en el horizonte del amor. Eso es decisivo.

¿Quién puede ofrecer este marco educativo y el acompañamiento necesario para que todo esto sea posible? El propio mensaje que nos hacen llegar dice que en esta perspectiva emerge sobre todo el papel de la parroquia, como presencia de la Iglesia en el territorio en el que viven los hombres, «fuente de la villa» como le gustaba denominarla a Juan XXIII, donde todo el mundo puede beber encontrando la frescura del Evangelio. Su función permanece imprescindible, aunque las condiciones particulares pueden requerir una articulación en pequeñas comunidades o vínculos de colaboración en contextos más amplios.

Ciertamente, desde vínculos comunitarios —la familia y la parroquia lo son— podemos abrir los ojos a la fe y contagiar el entusiasmo por el anuncio del Evangelio.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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