No rebajemos calidad

Si hay algo que nos tenemos que plantear a menudo es cómo ser sal que dé buen gusto y salir del desgaste que se sufre cuando se quiere vivir sólo de las rebajas. Debemos dar pasos decididos de cooperación que nos hagan vencer el aislamiento y la autosuficiencia, hacer posible una atención a las personas más compartida y más repartida. El campo de la evangelización es tan amplio y tan variado que las acciones a llevar a cabo deberían ser más complementarias y apuntaladas por todos. El único salvador es Cristo.

No hay duda de que el «buen gusto» que como cristianos debemos dar debe contar siempre con un fundamento inalterable que es consecuencia de la acción del Espíritu en cada uno de nosotros. Sólo «da» buen gusto quien «encuentra» buen gusto en lo que quiere comunicar. El «gusto» por las cosas de Dios tiene este sabor inconfundible y, quien lo tiene, lo contagia incluso sin llevar a cabo un acto premeditado; llega a identificarse tanto con su ser que, cuando se manifiesta, aparece una identidad interior y exterior bien definida, toda ella transparente.

Éste es otro elemento clave que unifica nuestra vida y nos hace sensibles para contemplar la realidad de la vida con los ojos del Dios-Amor y adentrarnos como nos lo ha mostrado Jesús en el misterio dela Encarnación y cómo es vivido enla Iglesia por tantas personas que lo han descubierto y lo viven con intensidad, sin rebaja.

En toda buena obra, de buena calidad cristiana, contar con los otros, pensar que el otro es un don para mí, alguien que me pertenece, puede ser un signo luminoso de esta unidad interior de cada una de las personas que la tienen que llevar a cabo. El mejor acompañamiento es la oración y el permanente contacto con el Evangelio.

A ello ayudará, todavía más, tener más conciencia de misión y no de protagonismo, más voluntad firme de dejar las comodidades de nuestras guaridas y grupos y estar más entre la gente con tal de ser sal que, porque está bien repartida y se ha dejado disolver y fundir, está dando «buen gusto», el gusto de y por las cosas de Dios, tal y como lo vive y lo muestra Jesús en el Evangelio, nuestra mejor denominación de origen. Desde él, hagámoslo todo más sencillo, más auténtico y no dejemos que la fe se vea afectada por la fiebre de las rebajas.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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