El impacto de un anuncio

En estos días tan llenos de fiesta, de música y luz, se escuchan muchos anuncios. Es curioso, unos muy seculares, muy comerciales, otros, declaradamente religiosos. Entre ellos, me ha sorprendido escuchar un mensaje tan explícito a la entrada de una de las mayores tiendas de nuestra ciudad que decía: «¡Jesús ha nacido!» A la vez, sin embargo, me ha gustado oír esta proclamación en medio de la calle. También me he preguntado por su impacto en el corazón de los viandantes entre productos de mercado.

He pensado en eso ahora tan en boca de todos de la «nueva evangelización» y si Dios también escoge caminos desacostumbrados para anunciar la venida de su Hijo Jesús a quien sólo lo recuerda de vez en cuando, Él que es el verdadero origen de tanta fiesta, música y luz. Será bueno que pensemos cómo llegar a las personas que volverían a creer si alguien con tono amigable y en el nombre de una Iglesia acogedora y amiga les hiciera llegar este gozoso anuncio.

La Iglesia dice que no hay verdadera evangelización mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios. Su historia se mezcla y se confunde con la historia de este anuncio. Sin embargo, para llegar aquí debe haberse comenzado por el testimonio discreto de quien evangeliza con los hechos.

La adhesión vital, personal y comunitaria a Jesús, el Hijo de Dios que se aloja entre nosotros, es la que da consistencia al anuncio por el impacto que produce. Por eso, el anuncio no adquiere toda su dimensión hasta que es escuchado, aceptado, asimilado y hace nacer la adhesión del corazón en quien lo ha recibido. Adhesión a Jesús y al programa de vida que propone, el Evangelio. Adhesión visible por la participación en la comunidad cristiana y en los sacramentos que celebra. Adhesión a innumerables acciones de caridad, no sólo estos días sino todo el año, que hacen que el amor de Dios llegue a todo el mundo.

El nacimiento de Jesús será siempre para nosotros un reclamo de encarnación, de amor y de solidaridad que puede hacer desaparecer la injusticia que separa y empobrece a las personas. Si Dios hace el gesto inaudito y humilde de hacerse como nosotros, al margen del pecado, es para que no temamos arriesgarlo todo. ¡Él está con nosotros!

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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