La fe de los sencillos

Tratando de cerca a las personas, veo que la vida pide más sencillez de la que le concedemos. Somos hábiles para complicar las cosas, crear problemas, poner dificultades, cuando, de hecho, todo sería más fácil si percibiéramos con transparencia la realidad de las cosas y de los acontecimientos; todo sería diferente y nuevo si optáramos por el lenguaje del corazón y si evitáramos inflarnos del engaño que supone la obsesión para que mi «yo» sea el centro de todo y de todos. El saber que nos es dado por el solo hecho de ser lo que somos y la ciencia adquirida deben complementarse siempre y favorecer una única dirección, la que nos hace ser personas humildes y de buen trato, que buscan hacerse todo en todos.

Me impresiona mucho, y al mismo tiempo me sorprende, encontrar a personas que amen y valoren la sencillez en las palabras y en el trato, y que no esperen elocuentes discursos. Y digo que me impresiona y me sorprende que este deseo sea compartido por hombres y mujeres muy preparados intelectualmente y, al mismo tiempo, por otros que no tienen estudios, pero que han aprendido y están aprendiendo mucho de la vida. He visto que unos y otros, cuando se encuentran con el Evangelio, se entusiasman porque lo entienden, su sencillo corazón ha hecho que se acercaran a él con interés y afecto. Por eso, la confianza ha encontrado el camino abierto. Con personas así, se puede llegar muy lejos.

Jesús en el Evangelio dice que los sencillos le entienden y que es fácil comunicarse con ellos. Todo lo contrario de los que se creen «sabios» e «inteligentes», y hacen de esta cualidad un motivo de prepotencia y orgullo. El itinerario de la fe no es sólo para unos pocos privilegiados, sino para toda persona de buena voluntad que busca la orientación de su vida con sencillez y limpieza de corazón.

Los sencillos dicen la verdad tal y como la piensan, con humildad y con la intención de hacer el bien; saben reconvertir el Amor en compasión y gestos de solidaridad; ven a Dios porque tienen un corazón limpio y honrado; aman la justicia y la paz porque saben que Dios es Amor; saben encajar las incomprensiones porque van más allá de intereses egoístas; en definitiva, los sencillos hacen de la fe la razón de su vivir.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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