«Él debe ser cada vez más importante; yo, en cambio, menos» (Jn 3,30)

Es la lectura creyente que me inspira un Papa que declara con pulcridud y firmeza su renuncia. El gesto avala las palabras y el testimonio humilde hace creíble el Evangelio. La orientación de su vida y la tónica de su magisterio ha sido decirnos siempre con la palabra y el ejemplo que lo más importante que puede sucedernos es el encuentro con Jesús. Él en el centro. Él en la confluencia de todo. Su testimonio de fe es creer en la fuerza del amor y decir: «Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, 1).

Dejar que Dios ocupe el primer lugar en la vida es dejar que sea el amor el que triunfe por encima de todo. Benedicto XVI nos lo ha dejado muy claro con palabras y hechos. Nos acaba de decir hace poco, en su mensaje de Cuaresma, que el retorno a Dios es posible porque hay una fuerza que proviene del propio Dios, que es su misericordia. En este sentido, nos hace una llamada para que nos dispongamos a actuar sobre el propio corazón, sobre la propia conciencia y sobre las propias limitaciones, dejando que sea el Señor quien nos transforme, nos renueve y nos convierta.

Benedicto XVI

Ya desde un primer momento, nos lo comunicó al anunciar la celebración del Año de la Fe. Sus primeras palabras pedían fidelidad a un camino que ha comenzado con el bautismo. «La puerta de la fe, que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma» (Porta fidei, 1). Dejarse modelar por esta gracia que transforma es lo que ha llevado al Santo Padre a darnos ejemplo de coherencia y fidelidad, una prueba de la fortaleza de aquel que lo experimenta en el corazón de su debilidad. Un gesto de amor al Señor, a la Iglesia y a la humanidad.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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