Implicados en la dinámica de su entrega

Nos lo ha dejado muy claro. El papa Benedicto XVI no sólo nos ha orientado hacia el encuentro con la persona de Jesucristo, sino que nos pide que nos impliquemos en la dinámica de su entrega, siempre por amor. Ha dicho que «la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo por mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán. Nos hacemos “un cuerpo”, aunados en una única existencia. Ahora, el amor a Dios y al prójimo están realmente unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí» (Deus caritas est, 14).

Así las cosas, ¿podríamos separar la celebración eucarística del mandamiento del amor? Nos dirá que «el mandamiento del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser “mandado” porque antes es dado». Se entiende así mejor que la «mística» del Sacramento tiene un carácter social, porque en la comunión sacramental yo quedo unido al Señor como todos los demás que comulgan». Más aún, ¿podríamos, los cristianos, separar de Jesús y el Evangelio toda la actividad humana?

También eso ha quedado muy claro en la doctrinal social que nos deja Benedicto XVI cuando, refiriéndose al momento actual y, concretamente a la crisis económica, nos ha dicho que «el gran desafío que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la crisis económico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica» (Caritas in veritate, 36). Amor a Cristo y caridad social en su vertiente política y económica, son verdades que han de confluir en toda actividad humana.

Siempre agradeceremos al Señor la presencia de quien con la palabra y la vida ha sido testigo de la Verdadcon la trasparencia del amor. En él también hemos conocido el amor que Dios nos tiene. Seguiremos unidos en la oración y la comunión en Cristo por una Iglesia que cada día se parezca más a él. ¡Gracias, Santo Padre Benedicto XVI, gracias!

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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