¡La oración hace de la espera esperanza!

Con insistencia, antes de su despedida, nos lo ha pedido nuestro querido Benedicto XVI. Lo ha pedido a toda la Iglesia desde el momento en el que su renuncia quiere ayudarnos a hacer de la espera de un nuevo Papa un tiempo de oración abierto a la esperanza. Él ha querido permanecer en la humildad del silencio y mantenerse en la confianza de la oración. «En este momento —ha dicho en su última audiencia pública— hay en mí una gran confianza, porque sé, sabemos todos nosotros, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, donde está la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Ésta es mi confianza, ésta es mi alegría.»

Benedicto XVI rezando

Ahora, toda la Iglesia reza con confianza y lo hace esperanzada desde la comunión en el amor. Espera a un nuevo Pastor que la presida y la confirme en la unidad y en la caridad, la anime y la guíe como hace Jesús, el Buen Pastor, con su propio estilo que lo identifique presente y vivo entre nosotros. Es la esperanza la que nos ayuda a no desfallecer porque nos proyecta hacia un futuro que estará lleno de Dios y viviremos una nueva bendición para todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Lo decimos porque sabemos y creemos que el Espíritu Santo jamás ha abandonado su Iglesia y vela siempre por ella.

La oración es la expresión de una Iglesia en pie, una Iglesia que, pese a las adversidades, se mantiene viva y quiere ser fiel al encargo de Jesús de anunciar en todo el mundo el Evangelio, de ser sal que da el buen sabor dela Palabra y del Pan de vida, de ser la luz que extiende su claridad a tantas situaciones de oscuridad que relegan a las personas al desánimo, al desencanto, a la indiferencia y a la ruptura humanas.

En este clima de oración, esperamos que el Espíritu Santo nos conceda el don del nuevo Pontífice que, presidiendo la comunión, nos anime desde su liderazgo apostólico como Sucesor de Pedro a servir incondicionalmente al Evangelio, para que todo el mundo pueda recibir y gozar de esta Buena Noticia, que es Jesús vivo, que es siempre fuente de renovación personal y estímulo de transformación social desde la verdad y la caridad.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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