«¡El mundo está emocionado y esperanzado!»

És más que evidente la reacción. ¡Una Iglesia que no es para el pueblo no es del pueblo! Son los hechos los que la hacen creíble, porque es una comunidad creyente, próxima, sensible a las alegrías y las esperanzas, a las tristezas y las angustias de sus conciudadanos. Nos ha llegado el deseo de un Papa que es invitación y exigencia para todos: «¡Ah!, ¡cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!» Deseo que es Evangelio puro, programa para hacer de él ejercicio cotidiano, gestos sencillos que acercan a las personas y hacen que se solidaricen con una causa que es un bien para la humanidad.

Digo «humanidad», porque no sólo los cristianos católicos necesitamos de un liderazgo espiritual digno de confianza, sino también el mundo entero. Ciertamente, la fe se proclama haciendo del Credo declaración de alegría y entusiasmo, como muy bien se nos dice en este Año dela Fe; sin embargo, todavía es más cierto que «es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar… También hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido a favor de la nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y el entusiasmo de comunicar la fe». Por eso, la fe se transmite cuando la favorece un clima de amor.

El Papa Francisco nos está contagiando el ardor evangélico de un amor que es misericordioso para que todo el mundo se sienta acogido e incorporado a un proyecto que atrae. Entre muchos, me ha llegado al corazón este mensaje: «¡Todo el mundo está emocionado y esperanzado, incluso los ateos de raíz cristiana como yo!» Tal vez, con corazón convertido y viendo como Isaías que Dios todo lo hace nuevo, deberemos decir a los hombres y mujeres de hoy, hermanos y hermanas nuestros, aquellas palabras de Jesús tan llenas de ánimo y reconocimiento: «¡No estás lejos del Reino de Dios!» De nosotros pide horas y más horas, jornada completa.

Dándonos así, damos al Cristo, lo hacemos presente, lo transparentamos. Es lo que se nos pide urgentemente. La misión espiritual de la Iglesia nos sitúa, como Jesús, en medio del pueblo, entre la gente, para compartir de palabra y amando el mensaje clave del Evangelio, que es el amor misericordioso de Dios Padre.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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