Signos visibles de Cristo resucitado

Pascua es el paso de Dios por nuestra historia y por nuestra vida. Cuando Dios pasa todo cambia, es como la primavera, todo renace. Ya nada será como antes. Por eso, cada año, cada domingo,la Iglesia celebra este paso renovador en medio de una historia a menudo adversa y de una vida plena de carencias. ¿Qué significa proclamar y celebrar el triunfo de la vida, de la libertad y del bien sobre la muerte, la esclavitud y el mal?

El primer signo es la «confianza». Hace la vida más bella y llena el vacío interior que se experimenta cuando no se ha saciado la sed de Dios. Lo estamos aprendiendo, es posible cruzar el umbral de la confianza cuando acogemos la Palabra de Dios y nos dejamos modelar por la gracia que transforma. La confianza aleja el miedo, es el grito del Resucitado.

El segundo signo es la «alegría». La alegría cristiana, la que proviene de Cristo, no es un sentimiento eufórico ni una llamarada de disipación. La auténtica alegría nace de un corazón reconciliado, que ama, que escucha, que se deja llenar de Dios, y es síntoma inequívoco de felicidad.

El tercer signo es el «perdón», la máxima expresión del amor, fuente de reconciliación. Allí donde hay perdón llega el amor, y allí donde hay amor el Espíritu de Dios está presente. Cuando aceptamos que Jesús nos da su Espíritu, todo se restablece, primero nuestras personas y, al mismo tiempo, los lugares y situaciones donde estamos presentes.

El cuarto signo es la «paz». Adquirir la paz interior facilita que miles de personas a nuestro alrededor encuentren la salvación. La paz del corazón es un nuevo nacimiento, uno de los frutos del Espíritu, un fruto de la Pascua. Quien busca esta paz permanece atento a la invitación de Cristo que dice «ve primero a reconciliarte con tu hermano».

El quinto signo es la «esperanza». Decepcionados por tantas situaciones adversas, somos propensos a desesperar. ¿Cómo irradiar una esperanza que nos permita avanzar? La esperanza se obtiene acogiendo la misteriosa presencia de Cristo en la propia vida y con el compromiso activo de contagiarla. ¡Nuevamente, estamos invitados a ser signos de Cristo resucitado!

 

Sebastià Taltavull Anglada

Obispo auxiliar de Barcelona

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