Entrar en un período de simplificación

Jesús nos libera de nuestros miedos. De todos los miedos. ¡Del miedo! No nos quiere agobiados, nos quiere ligeros de equipaje y nos propone un valiente paso: salir de los círculos habituales y aproximarnos a los alejados, aunque su lejanía sea de una gran proximidad geográfica. Es la condición necesaria para entender el Evangelio con la vida que Jesús le da. Habiéndolo escuchado y meditado en Taizé, podemos estar seguros de que «con pocos medios, Dios nos hace creadores con él, hasta donde las circunstancias no son favorables. Dios nos espera en los que son más pobres que nosotros. Es necesario que todos nos dejemos interrogar sobre nuestro estilo de vida y simplificar nuestra existencia. Y estaremos más dispuestos a ir hacia los demás con el corazón abierto».

¿Qué cambio de mentalidad? ¿Qué conversión? Conversión a los alejados de toda condición humana, social, religiosa y cultural, mediante una Iglesia dispuesta a entrar en un período de simplificación, de acogida, de comprensión y de diálogo. Nos jugamos la credibilidad, sobre todo ahora cuando entre nosotros y en algunas regiones del mundo tradicionalmente cristianas se produce un alejamiento de la fe en sectores socialmente importantes, como lo es el de los jóvenes. Se hace necesaria otra imagen que sea más plena de humanidad, más humilde, más transparente, algunos gestos evangélicos más valientes que creen puentes y derrumben muros.

Cuando nos proponemos una Iglesia más simple y más simplificadora nos percatamos de la necesidad de un buen equipamiento contra aquellos miedos que con frecuencia nos paralizan. Urge, pues, un retorno explícito al Evangelio. ¿Por qué no nos referimos a él más a menudo? ¿Quizá nuestra indecisión en el seguimiento de Jesús busca más el blindaje de las seguridades que el riesgo de la confianza? Cuando la Iglesia escucha, es misericordiosa y reconcilia, deviene claro reflejo de un amor, un contagio de consuelo. Jamás distante, jamás a la defensiva, superado el miedo, la Iglesia puede irradiar la humilde confianza de la fe en lo más íntimo de toda persona.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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