Conversión para todos

Cada día hay novedades que no dejan lugar a la indiferencia. Da mucho que pensar que un Papa como Francisco se defina así y diga con toda humildad «soy un pecador en quien el Señor ha puesto sus ojos» y se vea reflejado en aquel relato evangélico de la llamada a Mateo: «Jesús vio a un publicano y, mirándolo con amor y eligiéndolo, le dijo: ¡sígueme!» Francisco es un hombre totalmente seducido por la misericordia de Dios y es desde esta experiencia que podemos y debemos entender muchas de sus intervenciones. Y es eso lo que le hace ser un hombre libre.

Papa Francesc

He titulado este sencillo escrito «conversión para todos» porque sólo un hombre libre y seducido por el amor de Dios es capaz de reconocerse pecador y llamar a todos a la conversión. Se dirige a toda la Iglesia y también a los hombres y mujeres de buena voluntad, también a los políticos y responsables de organismos internacionales. Pide la paz, el ejercicio de los derechos humanos, acompañar con misericordia a todos, más presencia de la mujer en puestos de responsabilidad eclesial, la atención a los refugiados y a todos quienes viven las viejas y nuevas pobrezas, la presencia y la solidaridad con quienes están relegados a las periferias geográficas y existenciales, capaz de decir incluso: «Jamás he sido de derechas.»

Es a la Iglesia real, la nuestra, a la que nos pide que nos convirtamos, empezando por nosotros, los obispos, a quienes, entre muchas otras cosas, nos dice que «ésta es la hora de la acción», que debemos «pastorear el rebaño de Dios que se nos ha confiado, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, acogiendo con magnanimidad, caminando con él y estando siempre a su lado». ¡Tenemos trabajo!

Nos pide «estilo de servicio» basado en «la austeridad y la humildad», evitando ser hombres con «psicología de príncipes» y con «afán de carrera». En este sentido, se ha referido a la necesidad de «permanecer con el rebaño» y ha invitado a «evitar el escándalo de ser obispos de aeropuerto». No es sólo una insinuación, nos pide ardientemente presencia continuada, voluntad de guía y servir a la unidad, tan necesaria para que el mundo crea.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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