¡Todo esto, para ti!

A menudo nos hacemos la pregunta sobre el mal. Hace pocos días me la han planteado con lágrimas en los ojos. Y es que la desgracia repetida en las aguas de Lampedusa, el propio mal físico o las desgracias naturales, y las que son fruto de injusticias que claman al cielo, es cierto que resultan inexplicables y nos sentimos muy pobres a la hora de dar una respuesta que convenza o, al menos, que consuele. La oración nos abre los ojos y descubrimos quién nos acompaña, ya que la pregunta de Jesús en la cruz experimentando el abandono de Dios, su Padre, es el máximo gesto de solidaridad que lo identifica con los que sufren en el cuerpo o en el espíritu.

Sin embargo, el sorprendente hecho es que también a menudo la propia experiencia nos ofrece la respuesta. Del trato con los enfermos, he aprendido de ellos la vivencia de una extraordinaria fuerza interior; jamás he escuchado un grito amargo de abandono ni he detectado un gesto de rebelión; todo lo contrario, me han enseñado a rezar con la paz en el corazón, con la admirable sorpresa de quien acepta la contrariedad con esperanza y sabe levantar sus ojos a Dios, confiando la propia vida a sus manos. Los he escuchado, más que hablado, porque en ellos he visto siempre a Cristo crucificado que ama y me dice: «¡Todo esto, para ti!»

El Papa Francisco en Lampedusa

Más de una vez me he emocionado presenciando la auténtica «pobreza» de las bienaventuranzas en personas sencillas —padres y madres de familia, y jóvenes— que no habrían sabido pronunciar dos palabras en público y que, en el momento de máxima dificultad, se han manifestado como expresión del amor de Dios con una sabiduría que viene de arriba.

En la parroquia solíamos comentar que los pobres de Cristo no siempre debemos buscarlos lejos porque «¡están entre nosotros!». Jesús lo dijo y lo hemos constatado. Por eso, debemos evitar adhesiones ficticias a causas que no comprometen a nada. Me es difícil hablar de opción por los pobres; más bien son ellos quienes optan por nosotros porque son quienes nos hacen llegar con la mayor transparencia el testimonio y la palabra consoladora de Jesús.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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