«Humildemente pedimos perdón»

Es lo que hemos dicho y escrito los obispos de Cataluña el día 21 de enero de 2011 en el núm. 22 de la carta pastoral Al servicio de nuestro pueblo, conmemorando los veinticinco años del documento Raíces cristianas de Cataluña: «Somos conscientes de las carencias y los errores que, como miembros de la Iglesia, hayamos podido cometer en un pasado más o menos lejano, y humildemente pedimos perdón; pero, al mismo tiempo también somos conscientes del papel insustituible que ha tenido la Iglesia y el cristianismo en la historia milenaria de Cataluña, y estamos convencidos de que los cristianos, guiados por la luz siempre actual de la Buena Nueva del Señor Resucitado, podemos seguir contribuyendo decisivamente en el presente y en el futuro.»

Si creemos en Dios, en el Dios Padre que nos ha revelado a Jesús, es porque sabemos que nos ama con amor misericordioso y perdona sin medida. La exigencia del perdón, incluso a los enemigos —tal y como nos pide Jesús— forma parte de la esencia del Evangelio y, por tanto, de la identidad cristiana más transparente. No tiene sentido que un cristiano se mantenga en la venganza y el rencor. El perdón es la única reacción capaz de deshacer estas situaciones. También estos días, diferentes voces han recordado, entre muchos otros, el gesto del beato Juan Pablo II con ocasión del Jubileo del año 2000 pidiendo públicamente perdón por las culpas de los hijos de la Iglesia, especialmente a lo largo del segundo milenio.

La Iglesia siempre ha pedido y seguirá pidiendo perdón pública y privadamente, a través del sacramento del Perdón y directamente a quien se ha ofendido; un ejercicio de humildad y, al mismo tiempo, un gesto de libertad por la voluntad de reconciliación que representa. Un perdón que, sin embargo, siempre estará dispuesta a dar. Ahora bien, tal y como decimos en el Padrenuestro, sólo sabe perdonar quien ha experimentado el don de ser perdonado, la alegría de sentirse querido y reconciliado. Eso es lo que Jesús quiere y espera de nosotros, hasta convertirse en una propuesta para todos y —como nos ha dicho el papa Francisco— ser fermento de esperanza y artesanos de hermandad y solidaridad.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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