Rezar para estar en forma

Si tuviéramos la oportunidad de hablar de ello y cada uno pudiera comunicar qué es lo primero que hace cada día o cómo se prepara para la actividad de un día normal, sin duda dispondríamos de una enriquecedora variedad. Cada cultura crea hábitos y la nuestra no está exenta de ello. Estos hábitos, en un momento en el que el estrés y la movilidad han hecho su vertiginosa aparición, hoy difieren de los de antes.

Cuando empezamos la jornada con prisas, preocupándonos antes de que lleguen las preocupaciones, poniendo ritmo acelerado a la actividad frenética sin ninguna necesidad de avanzar a nadie, cuando la cabeza corre más que los pies, es imposible acertar. Sin embargo, hay hábitos muy buenos y muy saludables, físicos y espirituales. Un momento de ejercicio físico, un tiempo elegido de silencio, una lectura pausada que nos hace reflexionar, un pensamiento para profundizar, una corta oración.

Lanzarse de repente a una actividad sin antes tomar posición puede disminuir la capacidad de observación, puede desequilibrar la discreción, puede descentrar la vida de su centro, es decir, aquello por lo que hemos apostado y constituye el eje de nuestra persona y de la manera de situarnos en las relaciones humanas. Aunque sea breve, va bien darse un tiempo para entrar en el propio interior, tomar aliento del bueno y saborear la paz del corazón.

También, durante el día, encontrar tiempo y espacios favorables para este recentramiento en medio de la actividad habitual, sin duda puede ser muy beneficioso. La persona humana reclama para ella misma el valor de una unidad de vida, y la oración la otorga. Cuidar la vida espiritual y acudir con frecuencia al Evangelio ha de llegar a ser una expresión de la propia fe que nos ponga en contacto con Dios por la relación personal que establecemos con Jesús.

Se nos abre así un nuevo horizonte, una nueva mirada, un nuevo corazón. Entonces, la relación con los demás queda impregnada de juicio, amor, alegría y felicidad. Sin duda, este clima nos ayuda a estar en forma y favorece una verdadera convivencia.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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