Evangélicamente significativos

Cartel de la Missió Metróplis

Difícilmente encontraremos personas que no estén de acuerdo con el Evangelio. En él encuentran una palabra coherente y plena de esperanza, un mensaje alentador, algo que les llega al corazón, un punto de referencia lleno de contenido que genera amor y confianza. Lo que propone el Evangelio nos hace de puente incluso con no creyentes. Con el Evangelio estamos frente a un medio que puede ayudarnos a un sincero y provechoso coloquio con quien busca sinceramente lo que es verdadero, justo, hermoso y bueno.

Cuando, en la «Misión Metrópolis» se nos invita a proclamar y escuchar el primero y más antiguo evangelio, el de Marcos, estamos frente a un reto que nos propone salir de nuestro refugio para dirigirnos personalmente y en actitud misionera a alguien que, aunque quizá no lo manifieste, tiene sed de una palabra que le abra el corazón a Dios y facilite su encuentro personal con Jesucristo y, al mismo tiempo, con la comunidad de los que creemos en Él.

Cuando he hecho la invitación al final de la misa del domingo, me ha alegrado ver a un buen grupo de personas que acudían espontáneamente a recoger el librito del evangelio de Marcos para realizar este gesto evangelizador y salir a encontrar a alguien a quien darlo a conocer. Es la valiente respuesta a lo que Jesús nos dice que hagamos: «Id por todo el mundo y enseñad a guardar todo lo que os he mandado.» La maravilla de esta acción es que está apoyada por la confianza de saber del propio Jesús: «Yo estoy con vosotros todos los días…»

Si nos decidimos a hacerlo, la vida del cristiano y de toda la comunidad se convierte en una «parábola» que la gente entiende. Ver como un buen grupo de adultos —catecúmenos— acogen el Evangelio y escuchar de ellos mismos la libre decisión de seguir a Jesús, estamos contemplando cómo el Reino de Dios se está abriendo paso entre nosotros.

Aún más, cuando eso se expresa en el corazón de unas comunidades parroquiales con muchos voluntarios de cualquier edad que se esfuerzan en un trabajo solidario y se encuentran haciendo red, son aquella «viña» que el Señor ha plantado y ama, y poco a poco va dando sus frutos. Si nosotros, los sarmientos, estamos muy unidos ala Vidque es Jesucristo, queda bien asegurada la buena denominación de origen de toda la espiritualidad y la consiguiente actividad.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

 

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