Le hablaré amorosamente

«Lo he vivido con emoción.» Entre muchas, ésta es una de las vivencias de quienes han proclamado públicamente en el Palau de la Música de Barcelona el Evangelio según san Marcos. Es la emoción que provoca Jesús cuando habla y cuando existe la disposición atenta de escucharlo. Alguien ha añadido: «Los que han leído me han acercado a Jesús, ha sido como si Él mismo nos hablara en directo.» ¡Ciertamente! El clima no podía ser más favorable y el ambiente más adecuado para que una Palabra por unos tantas veces escuchada y por otros no, ahora recuperara una nueva fuerza y un sentido especial.

Poner voz a la Palabra, poner música y canto, melodía meditativa y sinfonía, es todo un conjunto que invita a entender más y mejor. Proclamar más que leer, interpelar más que afirmar, gestos sugerentes que han acompañado a lo largo de dos horas un texto que fue escrito para iniciar a unos a la fe cristiana y a otros para darles más y más solidez. Han resonado en nuestro interior aquellas palabras del profeta Oseas pronunciadas en nombre de Dios a un pueblo que a menudo no cuenta con el: «Le hablaré amorosamente.» Y el resultado, comentario tanto de los actores como de los asistentes, ha sido algo parecido a la reacción plena de entusiasmo de quienes se dejaron acompañar por Jesús en el camino de Emaús y vieron transformado su corazón y abrirse sus ojos.

Cuando eso ha sido una vivencia compartida, me he preguntado con muchos otros cómo hacerla transportable, para que puedan beneficiarse tantas personas como sea posible. Hemos visto que depende de la libre decisión personal de hacerlo y yendo con resolución a encontrar a aquellas personas próximas o lejanas que puede hacerles un bien. «Evangelizar» empieza por «hablar amorosamente» a través de palabras que —haciéndonos próximos y ofreciendo amistad— utilizan con fe la Palabra, Dios mismo en la persona de Jesucristo. ¡Es, pues, cuestión de hacerlo!

Por eso, hacer público el Evangelio en el corazón de la ciudad es mucho más que leerlo: es, sobre todo, testimoniar con la vida lo que leemos y hacerlo creando un clima de acogida y amor. Si lo hacemos sabiendo que eso nos implica, el otro puede encontrar el referente que necesita, el acceso al Dios de Jesús que siempre le sale al encuentro. En este encuentro nos lo jugamos todo.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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