Creyentes y creíbles

Con respeto para quien opine lo contrario, me parece que en la medida en que dialogamos con todo el mundo, veo que interesa cada vez más la calidad de nuestra presencia como creyentes en cualquier lugar en el que nos movemos. Digo «en la medida en que dialogamos», lo cual significa la actitud con la que acogemos, la humildad con la que escuchamos, el tono con el que conversamos y la comprensión que transmitimos. El ámbito es el de la vida cotidiana, el terreno que pisamos y las personas que tratamos.

A menudo, los grandes titulares ofrecen una imagen muy parcial dela Iglesia, muchas veces tergiversada y poco fiel a la realidad. Y eso nos duele, y aún más si se hace intencionadamente. Se desconoce mucho la infinidad de esfuerzos que se llevan a cabo por personas y entidades que cada día entregan su vida y regalan su tiempo para ayudar a los demás, y sin discriminar a nadie. El ardor de la fe lo pone todo en marcha y se expresa en mil gestos de amor solidario y de atención personalizada. Interesa esta calidad de presencia porque a los creyentes nos hace creíbles.

Con este tipo de acción se entra en contacto con personas alejadas de la fe y dela Iglesia, entre las que hay quien se manifiesta creyente pero tiene muy desdibujado su significado hasta el punto de referirse al Dios que desconoce. No sólo no debemos eludir el diálogo sino que debemos avanzarnos a provocarlo, con todo el respeto del mundo y con la voluntad de anunciar a Jesucristo, ofrecer el Evangelio y hacer participar de la fraternitat que esla Iglesia. Connuestra actitud sincera y humilde, sin eludir el reconocimiento de los propios fallos, podemos llegar a hacer creíble lo que todavía está enrarecido por los prejuicios y la mala información, hasta abrir puertas al «Misterio».

La imagen del Atrio de los Gentiles, del que tanto hablamos, pone de manifesto la audacia de los cristianos de no renunciar jamás a buscar positivamente todos los caminos para dibujar formas de diálogo que correspondan a las esperanzas más profundas y a la sed de Dios que hay en todas partes, aunque explícitamente no se manifieste. El «templo» que somos cada bautizado ha de ser el primer espacio de diálogo de parte del Dios que tiene la iniciativa de aproximarse amando.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

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